diciembre 31, 2018
Consulado y Café del Cielo
El aguacero era cerrado y llovia tan fuerte, que las gotas sonaban en el techo del auto como si fueran caramelos. Desprá, és que florezcan los Guayacanes, lloverá, aseveran sabiamente los campesinos. Y no era para menos, esa tarde la ciudad estaba inundada, el agua llega hasta la rodilla en algunos sitios. Perdi por un momento toda orientacion y de pronto estaba frente a un local que tenia un letrero curioso, "Consulado y café del Cielo". Solo estaba estacionado un auto, y el sitio lucia agradable como para esperar a que pase el temporal. Me estacioné, y me apresté a entrar. Tan pronto me senté en una mesa cercana a la pared, senti una extraña pero agradable sensacion de tranquilidad, yo diria de sosiego, a la tension de manejar casi a ciegas, e entre la penunbra de la agonica tarde y su lluvia. (continúa)
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