LEYENDA URBANA
EL BANQUERO (ANONIMO)
Cuenta el vulgo que trabajó en un prestigioso banco de
la ciudad, que un dia un se acercó un señor con un terno blanco de lino,
arrugado y con señas del sudor de la época, y llevaba consigo un maletín de
cuero desgastados con dos correas y hebillas oxidadas. El hombre se acercó a donde decía información,
y preguntó por el Gerente del banco. La
recepcionista le preguntó si tenía cita, a lo que aludió que no, pero que tenia
un negocio muy interesante que el banco no se negaría a atenderlo. Espere un momento consulto con el gerente si
lo puede recibir, replico la recepcionista mientras se emprendía hacer la
consulta.
Al cabo de unos minutos, le preguntó si podría esperar
30 minutos, a lo que el hombre de lino asintió que si. Luego de mas de una hora de espera, el
gerente del bando le pregunta a la secretaria, ¿sigue esperando?, asi es, le
respondió. Se llevó las manos a la cara
y limpió sus lentes al tiempo que dijo, déjelo pasar no mas. Renglón continuado el hombre de terno pasa
a las oficinas del Gerente o dueño del banco, inmensas, con ventiladores en el
techo que daban la vuelta, incansablemente, el banquero le pregunta al señor de
terno, ¿en que lo puedo ayudar? Puedo hacer
alguna cosa por usted, verá le dice,
soy agricultor, y en este portafolio tengo las escrituras de mis tierras, soy
de Vinces, y tengo sembradas algunas hectáreas de Cacao de Aroma Fino, y he
invertido X cientos de miles de sucres cuyos correspondientes comprobantes están
también junto a las escrituras, mientras abrió el portafolio y mostraba sus papeles perfectamente ordenados. Y ¿Cuál
es el negocio para el banco? Es
sencillo señor, acabo de firmar este acuerdo la compañía Cardbury de Londres
para proveerlos de mi cacao, y no tengo liquidez para empacar el cacao y
solventar los envíos, este es el contrato, notarizado en la embajada de Ecuador
en Londres y en Quito en la Inglesa, yo le dejo en prenda hipotecaria mi
hacienda que vale mas del 80% de lo que necesito.
Llamó a sus abogados a examinar los documentos y le
dijo que regrese mañana a la misma hora.
Así ocurrió, el señor se presentó puntual, y pasó enseguida esta vez sin
hacer espera. El banquero clavó su
mirada aguda de sus ojos verdes en el agricultor y le dice, “si tu descubres
cual de mis dos ojos es el de vidrio, te doy el préstamo, caso contrario no”. ¡El agricultor fijo la mirada a través de
los grandes lentes del banquero y dijo su ojo de vidrio es el derecho! El banquero sorprendido se hecho para atrás en
su silla y le preguntó, esto es cierto, ¿Cómo lo descubriste? A lo que el agricultor repuso, es que vi un
poco mas de brillo de humanismo y solidaridad en su ojo derecho y no en su ojo
izquierdo”.
Moraleja, Banquero es Banquero, nace para eso, crece
en eso, vive para eso, está en su sangre tanto que pasa por osmosis a sus prótesis
si las tiene. El habito de banquero pesa
mas que la ropa del ladrón.
Anónimo

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