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agosto 04, 2013

Rapallo


Rapallo

gzb 06-13-13


Fue de un momento al otro que me vi en un avión rumbo a Italia. Mi boleto decía, Guayaquil, Amsterdam, Roma, Génova. Nunca había viajado en avión, ni siquiera a Quito, de manera que me sentía intimidado por el viaje, esto fue hace 30 años. Yo era el chofer del Ing. Juan Sebastián Paz en esa época, era todo un personaje, emprendedor, audaz, lleno simpatía, y una buena persona, pero sobre todo, muy humano.

Llegué al Hostal Europa, donde me esperaría. El Ingeniero Juan me advirtió por teléfono antes de salir de viaje, que no me preocupara por el idioma, pues era de fácil comprensión, pero igual, tenía mucho temor. Nunca me dijo por qué no regresó más a Ecuador, ya había pasado más de tres meses desde que había viajado a Italia, y supuestamente no debería de prolongarse más allá de 8 a 10 días. Solo se limitó a preguntarme si estaría yo dispuesto a trabajar para él en Italia, y como no tenía ni esposa ni hijos, pues le dije que bueno, y es así como me embarqué

A mi llegada al hostal, el señor que me atendió me entregó una nota en un sobre que contenía unas cuantas Liras y ciertas instrucciones del ingeniero, ” Wilton, quiero que sepas que el hostal está pagado por los próximos 3 días hasta que llegue, vas a encontrar tres mil Liras para que puedas pasear por la ciudad, también te incluyo un diccionario italiano-español y viceversa para que te puedas hacer entender un poco más y el mapa de Rapallo.  Pasea, anda a conocer el Castillo en el mar, camina por el malecón y toma helados en Il Pólipo, está una cuadra atrás del hostal. Me compliqué con algunas cosas de última hora y tuve que viajar a Génova, pero vuelvo en 3 días.”

Al día siguiente después de desayunar en la terraza junto al mar, mas linda que yo jamás pudiera imaginar, se podía ver todo el golfo lleno con barquitos de pesca multicolores y muchos veleros, simplemente era precioso el paisaje, parecía de una película; conversé mitad señas, mitad español con el señor del mostrador, quien me indicó para donde caminar y de qué forma de regresar.

Las calles eran hermosas, el empedrado brillaba, parecía pulido, en las rejas de los parques había maceteros con flores rojas y amarillas, los callejones llenos de faroles y mesas para tomar café o una especie de tragos pequeños de color rojo, había callejones con arcos, era tan pintoresco. Toda la ciudad estaba llena de turistas en restaurantes o trattorias, en cafés al aire libre. -Esto es maravilloso, me repetía a cada cuadra que recorría. Los callejones olían a orégano cocido, a masa fermentada, a comida de mar, después supe que Rapallo es más un pueblo que una ciudad, tiene apenas 30.000 habitantes que viven de la hospitalidad que brindan a los turistas, enclavada en el centro de una provincia que da al mar; Liguria.

Al tercer día, ya saludaba por el nombre con Lucca, el señor del mostrador del hostal, con Vicenzzo, el chofer del taxi, que a propósito ya me había dado 3 tours alrededor de la ciudad, y hasta sus afueras cerca de Chiavari. Y justamente fue Vicenzzo quien me explicó por qué yo estaba en Rapallo.
Era mi tercer día y Vicenzzo pasa a recogerme a las 5 de la tarde para tomar un café y luego llevarme a conocer la heladería Il Polipo,

-ahhh te recomendó que vayas a tomar helados a IL Polipo?, repuso Vicenzzo

-Sí, así es, asentí con una sonrisa

-es ahí donde la historia de tu jefe se inicia, agrega con una sonrisa mientras guiaba su taxi a un cafetín situado en el malecón alto de Rapallo, pasando antes por la heladería que estaba llena de clientes.

-¿Qué historia? propuse en tono de inquietud.

-la del motivo por el que has venido a Rapallo. Repuso en un italiano medio español.

-cuéntame, cuéntame, insistí

Ya instalados en una mesa justo al pié de un barranco que deja espiar el mar con un suspiro, acompañado de la suave brisa de la tarde, le da lumbre a un cigarrillo de tabaco negro y empieza su relato.

- El “ingenieri” Juan llegó acá para entrevistarse con dos personas importantes en la industria de los helados como tu sabes, uno es Benedetto Cavagnaro, ellos son la quinta generación que fabrica helados en Rapallo y Portofino, quería llevarlos a Ecuador para hacer transferencia de tecnología, el tenía el apoyo de una trasnacional que opera en tu país. 

Yo continuaba sin entender y después de escuchar a Vicenzzo, entendía menos, pero le pedí que fuera más deprisa.

-Todo fue muy rápido, continuó Vicenzzo, -Juan Sebastián había regresado de Portofino de su penúltima reunión con Benedetto Cavagnaro, el mayor fabricante de helados industrial de la zona, y cuando estaba solicitando la llave de su habitación, súbitamente llega al parqueo del Hotel Excelsior una signorina a bordo de una Rolls Royce convertible, era un Cornice, precioso, color rosado, tan pálido que parecía blanco; Vicenzzo en este punto se emociona y ordena un ristretto, que es una especie de café concentrado en forma superlativa, servido en unas tazas diminutas, y le agrega un shot de grappa, un aguardiente de uva.

-y qué pasó Vicenzzo? le dije con tono de inquietud, 

-bueno Juan Sebastián quedó en estado de shock, cuando vió a la signorina, ella llegó vestida de lino blanco, con una bufanda larga roja al cuello, sombrero de ala completa. Caminó con singular seguridad y se dirigió al mostrador a preguntar por alguna persona que no había llegado, y se retiró en forma inmediata de vuelta a su auto.

Llevando la Grappa a los labios, visiblemente emocionado Vicenzzo ordena otra más, y continúa en su relato con media sonrisa y tono de ironía, mientras que yo ya he accedido a pedir un café americano y un trago de Grappa, mi curiosidad no podía más.

-Entonces?, le pregunté

-Entonces, Juan Sebastian se lanza al frente del auto de la signorina, levantó las manos gritando, -Pare..Pare por favor! Inmediatamente se puso al lado de la signorina y tomándose la cabeza en sus manos exclamó, -no te puedes ir sin darme tu teléfono, tu dirección y tu nombre, no te puedes ir! La signorina tomó sus lentes de sol y descubrió los ojos azules más grandes que había visto Juan Sebastian, sonrió con ironía y algo de coquetería y le dice, -pero que atrevido!! y por qué yo debo darle mi teléfono, mi dirección y nombre?... 

-Porque tengo miedo... mucho miedo. 

-Miedo? miedo a que? 

- a no volverla a ver más! 

La signorina desliza su mano a la cartera que reposaba en el asiento derecho mientras nerviosamente trata de disimular una sonrisa de coquetería de fina factura y saca una tarjeta, 

-ahí están mis datos.... 

- Yo soy Juan Sebastian...

.-yo Mónica...Mónica Cavagnaro-, interrumpe la signorina al tiempo que salió velozmente del parqueo. 

Sin poder aguantarme mas le pregunto a Vicenzzo,

-y entonces qué más pasó?

-Nada!!, fueron 3 días fúnebres para el hombre, no podía conectarse con la signorina Mónica, imposible, caminaba por todo Rapallo, y nada. La llamaba y nada. 

-Pero que ¿no había dirección?

-no, no había nada más que teléfonos!, y al parecer solo decían que ella estaba de viaje.

-Pero qué más pasó?

-Bueno lo mejor fue que la signorina Monica lo llamó en la noche al hotel pensando que ya se había marchado, pero lo encontró.

-El ingeniero Juan Sebastián me dijo esa noche cuando lo llevaba por la Vía Aurelia rumbo a la Gelateria Il Polipo, que le había dicho que se encontraban allí, en el parque que está en la Via San Michele y La Libertá. 

-Lo dejé y me quedé por la esquina, yo tenía curiosidad de saber que iba a pasar

-Y, y?,

- y, bueno, la signorina Mónica llegó, ella lo invitó a tomar sus helados al parecer, y se fueron caminando en medio de los callejones y las piedras. No sé qué más hablaron, pero ya iban de la mano. 

-Desde aquel día, el ingeniero y la signorina Mónica nunca más se separaron, finaliza Vicenzzo, suspirando y terminando de un sorbo su ristretto al tiempo que dejaba la colilla del cigarrillo en el cenicero.

Yo, Poco después comprendí todo, pues la signorina Mónica era la dueña de un viñedo que había heredado de su padre y una heladería, se casó con el ingeniero, tienen 4 hijos, manejé su carro por 28 años, la signorina maneja ahora un Bentley y el Ingeniero su Ferrari. El ingeniero consiguió contratos con Ecuador y Francia, y la fortuna se triplicó. Ahora soy jefe de logística de Gelateria industriale Il Polipo y manejo un Alfa Romeo!. Ya todos tenemos nietos y hasta somos fanáticos del Calcio local.

-Ah! me olvidaba de este dato interesante que lo supe con el tiempo, la signorina Mónica fue Miss Italia, y luego Miss Europa, y la persona que había ido a buscar al hotel Excelsior, era Giovanni Laportta, su prometido, hasta que apareció el miedo del ingeniero.

gzb 13-jun-2013



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