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agosto 04, 2013

La Metro de las 5:45


Ese día parecía lucía igual que cualquier otro. El conductor anunció que llegaríamos en minutos a la estación Santa Leonor interrumpiendo el noticiero de la mañana que escuchábamos vía celular los pasajeros. Suben muchas personas, nos juntamos unos con otros para procurar dar un poco más de espacio, total la mañana estaba más fresca que de costumbre. Me encontraba agarrado de la barra vertical, en la parte de atrás, cuando de pronto sentí que mi mano hizo contacto con otra, suave, tersa, ligera como una mota de algodón recién cultivada, pensé que sucedía por accidente, hice un movimiento automático para retirarla, pero me detuvo en el intento. Mis ojos buscaron sus dedos, vi como se aferraron a los míos, cual cadenas de candados, busqué inmediatamente sus ojos, apenas si los tropecé por milésimas de segundos, fue como ver un rayo en el horizonte que alumbró lo necesario para descubrir sus ojos color miel, su cabellera descansaba en el escote de sus hombros Ese instante, fue suficiente para entender que no habría ningún diálogo. Su piel morena era el imán más potente que jamás haya experimentado, ahora vivía en carne propia, aquel dicho que cuando hay química, no se necesitan palabras, ni razonamiento, la piel llama, la piel te absorbe, te pierde. 

La metro devora el asfalto en su camino y nos envuelve la oscuridad del túnel, ahora nuestros cuerpos están juntos, separados solo por un tubo, percibo su perfume, la temperatura de su cuerpo. Está tan cerca de mi que se apodera de mis sentidos, mientras compruebo que la distancia entre nosotros se ha convertido en nula, con la complicidad del aumento de los pasajeros.

Esta danza profana, pero también sagrada, continúa hasta la estación Cristóbal Colón, me aprieta la mano un poco más, arquea su cintura en suave danza de mil deseos insanos gritados en el silencio de sus párpados caídos; que se abren ahora en señal de despedida. Suspira, se baja en la estación. Yo debo seguir hasta la estación de Las Esclusas. 

Desde ese día, cada mañana, miro con impaciencia el reloj, espero que marque las 5:45 para tomar el primer viaje de la metro, repaso con ansiedad el subir de los pasajeros de Santa Leonor intentando descubrir su rostro, sentir como me pega su mirada, observar día a día su destreza para llegar hasta el tubo cual si fuera casualidad, a esta fogata corpórea de cuarenta y tantas cuadras.

Ese día el bus estaba mas vacío que las calles en la madrugada, la vi subir y dirigirse directamente al tubo, a nuestro tubo, de pronto estábamos de pié más juntos que una estampilla con sobre, no había pasajeros que nos escondan, ni atestigüen. Entonces pensé que era el momento de saber más de ella, a la salida del túnel le hablé por primera vez, le pregunté su nombre, no ocultó ni su reparo ni disgusto por haber roto el silencio, miró el techo del bus, perdió su mirada en la ventana, nunca me devolvió su atención; se apeó en la estación Boca Nueve. 

Después de 23 días había perdido la fe de encontrarla de nuevo, sin embargo, seguía tomando la metro de las 5 y 45, de pronto nuevamente sentí que mi mano era guiada por otra. Su perfume era inconfundible. Me mira de reojo mientras acomoda su cuerpo apoyándose en el mío. Había vuelto. Cerró los ojos, como alma que inicia un ritual, apretó sus labios para no dejar escapar sus quejas, mientras su mano sosteniendo la mía, repasa cada una de sus líneas más íntimas. Siento que cuadra a cuadra, su respiración se acelera, y me contamino con su fiebre en cada uno de mis poros, el termómetro de la pasión sobrepasa todas las marcas, mientras, muero en silencio, minuto a minuto, de amores distintos, de deseos no confesados, que nacen y que mueren de estación en estación.

Hoy espero la metro de las 5:45, tengo un tinto en la mano, a la mujer del tubo en la cabeza, subirá en Santa Leonor y bajará en Cristóbal Colón. Ya ningún día volverá a ser común, menos corriente. Mientras, la metro recorrerá las mismas calles día a día, yo subiré con el mismo sueño, a la misma hora... sin que me importe su nombre.




gzb 07-jul-2013

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